La percepción de que los castells son una actividad especialmente peligrosa podría empezar a cambiar. Un estudio reciente liderado por el profesor de la facultad de medicina y ciencias de la salud de la URV, Manel González Peris, revela que los niños castellers sufren más lesiones que los niños que juegan al fútbol, pero estas son, en general, menos graves. El riesgo global es similar entre las dos actividades.
El estudio está liderado por la Universitat Rovira i Virgili y la Xarxa Santa Tecla, e impulsado por la Càtedra URV para el Estudio del Hecho Casteller. Al Dr. González lo han acompañado Marta Romeu y Montse Giralt, investigadoras del Departamento de Ciencias Médicas Básicas de la Universidad.
La investigación ha analizado a más de 2.100 niños y niñas durante dos años, comparando la siniestralidad de cerca de 100 colles castelleras con 104 equipos de fútbol. Los resultados indican que un 17,5% de los niños castellers se lesiona, frente al 10% en el caso del fútbol. Aun así, la duración de las lesiones es menor en los castells: poco más de dos días de baja de media, frente a los casi cuatro días en el fútbol.
Según González, el riesgo se ha medido a partir de los días de baja por cada 1.000 horas de actividad, una herramienta que permite comparar disciplinas diferentes. En este sentido, los castells registran unos 13 días de baja por cada 1.000 horas, mientras que el fútbol sube hasta los 29, casi el triple.
El estudio también destaca diferencias en el tipo de lesiones. En el fútbol predominan los esguinces, las lesiones musculares y las fracturas en las extremidades inferiores, a menudo más graves y con recuperaciones más largas. En cambio, en los castells son más habituales las contusiones en la parte superior del cuerpo, como la cabeza, el cuello o la espalda, pero con menor impacto global.
Otro aspecto relevante es el contexto en que se producen las lesiones. Mientras que en el fútbol la siniestralidad se reparte entre entrenamientos y partidos, en los castells la mayoría de accidentes se concentran en las diadas, y no en los ensayos, que se consideran muy seguros.
La investigación también refuerza la importancia de medidas de protección como el casco para los niños castellers, especialmente para prevenir traumatismos craneales. Los investigadores no descartan estudiar nuevas protecciones en el futuro, como elementos faciales o dentales.
En cuanto al perfil de los participantes, el estudio confirma que dos terceras partes de los niños castellers son niñas, aunque no se han detectado diferencias significativas en la siniestralidad según el género o la categoría de las colles.
El doctor remarca que tanto los castells como el fútbol son actividades seguras, con riesgos bajos, y destaca sus valores educativos y sociales. En palabras de González, “los niños deben ser felices realizando cualquiera de las dos actividades”.






