La posibilidad de alargar la esperanza de vida más allá de los 100 años, los avances de la biotecnología y el papel creciente de la inteligencia artificial en la medicina han sido algunos de los temas abordados por el criminólogo Jordi Palau en una entrevista al programa Calle Mayor.
Palau considera que la ciencia avanzará hasta el punto de que muchas de las enfermedades que hoy aún son una gran amenaza, como el cáncer o el Alzheimer, podrían dejar de tener el mismo impacto en el futuro. Según explica, los avances tecnológicos y la nanotecnología permitirán ampliar aún más una esperanza de vida que ya es muy elevada en nuestro territorio.
No obstante, el criminólogo pone el acento en una cuestión que considera fundamental: no se trata solo de vivir más años, sino de vivirlos mejor. En este sentido, defiende que la sociedad deberá replantearse algunos de sus modelos actuales, como la edad de jubilación o la manera de entender las distintas etapas vitales, ya que una vida más larga obligará a adaptar los paradigmas sociales y laborales.
Uno de los grandes cambios que podría llegar con estos avances es también la integración entre tecnología y cuerpo humano. Palau apunta que en un futuro podrían aparecer implantes o microchips capaces de complementar las capacidades humanas, mejorar funciones del cerebro o ayudar a combatir determinadas enfermedades. Un escenario que, según él, plantea también un importante debate sobre el riesgo de perder parte de nuestra humanidad.
En cuanto a la inteligencia artificial, el criminólogo destaca su potencial para ayudar en diagnósticos e investigación de nuevos tratamientos, pero también alerta sobre la capacidad que podría llegar a tener para analizar datos personales y predecir aspectos de nuestra salud o esperanza de vida.
Sobre la idea de una posible “vida eterna”, Palau considera que es más cercana a la ciencia ficción que a una realidad científica, pero recuerda que la esperanza de vida ya ha aumentado de manera extraordinaria a lo largo de los siglos. El gran reto, asegura, será evitar que este alargamiento dependa únicamente de más medicamentos, operaciones o tratamientos, y apostar por una vida más saludable.
En este sentido, defiende que la tecnología no puede resolverlo todo y reivindica también la responsabilidad individual: cuidar la alimentación, hacer deporte, evitar entornos tóxicos y reducir la sobrecarga de información son elementos que pueden contribuir al bienestar físico y mental.
Por último, Palau plantea que una sociedad con personas que vivieran 120 o 150 años también obligaría a repensar cuestiones como la natalidad, las generaciones futuras y la relación entre longevidad y contribución social. La pregunta, según él, no es solo cuántos años podremos vivir, sino cómo queremos vivirlos.






