El criminólogo Jordi Palau asegura que el crimen perfecto no existe… o al menos así es como se enseña en las facultades de criminología. Sin embargo, reconoce que hay casos que nunca llegan a resolverse y que, con el paso del tiempo, pueden acabar convirtiéndose en crímenes perfectos.
Palau reflexiona sobre la evolución de la investigación criminal desde el mediático caso de O.J. Simpson, juzgado en Estados Unidos en el año 1994. Según el criminólogo, más que la existencia del crimen perfecto, lo que a menudo determina la resolución de un caso son factores como errores en la investigación, pruebas mal recogidas o defectos de forma durante el proceso judicial.
El experto también ha alertado sobre la percepción distorsionada que pueden generar las series y películas de temática criminal. En este sentido, ha recordado que la realidad es mucho más compleja y que aún hoy se producen homicidios a plena luz del día que continúan sin resolverse.
En cuanto a las investigaciones, Palau ha destacado la importancia de la cadena de custodia de las pruebas. Un simple error en la trazabilidad de una muestra de sangre, ADN o cualquier otro indicio puede conllevar que esta prueba sea invalidada ante un tribunal.
Sobre los avances tecnológicos, el criminólogo considera que actualmente es mucho más difícil delinquir sin dejar rastro que hace décadas. Los teléfonos móviles, las cámaras de vigilancia y las herramientas de análisis de datos facilitan el trabajo de los investigadores. Además, apunta que la inteligencia artificial tendrá un papel cada vez más relevante en la identificación de sospechosos y en el análisis de grandes volúmenes de información.
A pesar de ello, Jordi Palau defiende que la intuición sigue siendo una herramienta valiosa para los investigadores, especialmente a la hora de orientar las líneas de investigación. Eso sí, remarca que las pruebas científicas, como el ADN o los sistemas de reconocimiento facial, tienen hoy mucho más peso judicial que las confesiones.
En definitiva, el criminólogo concluye que la resolución de un delito depende cada vez más de la calidad de las pruebas y de los avances tecnológicos, mientras que la posibilidad de cometer un crimen sin dejar rastro es cada vez más reducida.






