El yacimiento de la Boella de la Canonja (Tarragonès) cumple veinte años de campañas de excavación con la extracción de unas 300 nuevas piezas de fauna y herramientas de hace un millón de años. Pocos días antes de finalizar los trabajos arqueológicos de esta edición, el yacimiento ha vuelto a abrir las puertas al público general para mostrar los hallazgos arqueológicos que permiten explicar cómo vivían los homínidos durante el Pleistoceno inferior.
Este año, el equipo del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA) ha encontrado indicios de lo que podría ser un hueso de rinoceronte, un diente de hipopótamo y más piezas de la industria lítica. Según la codirectora de las excavaciones, Palmira Saladié, aún queda trabajo «para otra generación» de arqueólogos.
El yacimiento del barranco de la Boella se divide en dos secciones, la Cala 1 y la Mina. El trabajo de los profesionales del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA) se ha concentrado en estos dos espacios, donde, a lo largo de dos décadas, han realizado hallazgos «gota a gota» que han permitido desgranar la historia del Pleistoceno inferior. En esta ocasión, en la Cala 1 se han encontrado indicios de lo que podría ser un hueso de rinoceronte, mientras que en la Mina se ha localizado un posible diente de hipopótamo.
Unos hallazgos que se suman a más de 200 piezas más, principalmente restos de fauna y herramientas de la industria lítica. Ahora bien, el equipo del IPHES-CERCA no descarta que en futuras ediciones encuentren restos humanos, aunque saben con certeza que en esta zona los homínidos no vivían. «Aquí el ser humano no vive. Lo que hace es venir a buscar todo tipo de recursos. Una manera muy sencilla de entender qué era el barranco de la Boella, si nos comparamos con las sociedades actuales, es imaginarlo como un supermercado, una gran superficie, donde encuentran el alimento o recursos vegetales para hacer herramientas», ha señalado la directora de las excavaciones, la investigadora Palmira Saladié.
Un mes de campaña arqueológica
Como cada año, la campaña arqueológica se ha prolongado durante casi un mes en la zona del barranco de la Boella y culmina este 30 de septiembre. A partir de aquí, el trabajo se trasladará a los laboratorios, donde se limpiarán, restaurarán y analizarán los restos. En primer lugar, se consolidarán los huesos, que a menudo están muy mal conservados. A continuación, se identificarán las herramientas de piedra y los animales, de los cuales se estudia la edad y se buscan marcas que permitan saber si fueron manipulados por humanos o por bestias. Se trata de un proceso lento que puede alargarse meses, de manera que los resultados de una campaña no se obtienen necesariamente ese mismo año.
A pesar de todo, la investigación de la Boella ha generado más de una treintena de publicaciones científicas desde el año 2008. Con todo, Saladié confía en que el yacimiento aún puede desgranar la historia del Pleistoceno inferior, como mínimo, para una generación más de arqueólogos.
Jornadas de puertas abiertas para conocer el patrimonio local
Como cada año, el yacimiento de la Boella abre las puertas a todo aquel que quiera ver de cerca cómo trabajan los profesionales del IPHES-CERCA, quienes explican y muestran los detalles que se esconden entre los restos de animales y herramientas de hace un millón de años a lo largo de este sábado.
Algunos, como el vecino de la Canonja Francesc Munné, es la primera vez que visitan el espacio. «Creo que es muy interesante que esto no pare, que sigan buscando, porque si se ha encontrado todo esto, no sabemos qué podemos encontrar. De humanos, por ahora, no hemos encontrado ninguno, pero quizá más adelante sí», ha augurado. Un deseo compartido por Pilar Granado y Gemma March, vecinas de Altafulla y Tarragona, quienes celebran la iniciativa como una manera de acercar este conocimiento a las generaciones más jóvenes.






