Las denominaciones de origen protegidas (DOP) e indicaciones geográficas protegidas (IGP) reclaman un mayor reconocimiento por el papel que ejercen en el desarrollo del mundo rural.
Así lo pone de manifiesto una investigación de la Universidad Rovira i Virgili (URV) liderada por el investigador Enric Castelló, que concluye que estas figuras de calidad no solo garantizan el origen y las características de los productos agroalimentarios, sino que también contribuyen a dinamizar la economía local, preservar el patrimonio gastronómico y mantener vivo el territorio.
El estudio destaca que la actividad agraria vinculada a las DOP y las IGP favorece la gestión del paisaje y ayuda a conservar el mosaico agroforestal, un elemento esencial para limitar la propagación de los grandes incendios forestales. Además, estas figuras generan valor añadido para los productores, impulsan el empleo y refuerzan el arraigo de la población en los municipios rurales.
La investigación también alerta de los principales desafíos que enfrenta el sector, como el relevo generacional, los efectos del cambio climático y la competencia en unos mercados cada vez más globalizados. Por este motivo, los investigadores defienden que las políticas públicas deberían reconocer el papel estratégico de las DOP y las IGP en la cohesión territorial y en la sostenibilidad del medio rural, más allá de su función como distintivos de calidad de los alimentos.






