El Concurso de Fuegos Artificiales Ciudad de Tarragona está sometido a un control de la pirotecnia que se dispara por parte de la Guardia Civil. El cuerpo armado es el competente en esta materia y cada día de concurso -esta semana de miércoles a sábado- supervisa que el material esté en buenas condiciones y se lance siguiendo la normativa y la planificación aprobada previamente. Cinco agentes se encargan: dos por la mañana durante el montaje y tres más por la tarde durante la actuación. Una vez finalizado el castillo de fuegos, vuelven a comprobar que todo el material se ha quemado tal como estaba previsto. «Es importante que se queme todo, no puede quedar nada», ha indicado la cabo de intervención de la Guardia Civil en Tarragona, Raquel Batuecas.
Los agentes llegan a las ocho y media de la mañana a la zona del Fortín de la Reina, el lugar desde donde las compañías participantes en el certamen disparan los petardos que han llevado. Todavía con todos los residuos por recoger del castillo de fuegos de la noche anterior, la empresa que debe actuar por la tarde ya prepara su material. Se trata de Pirotecnia Alto Palancia, de Castellón, una compañía joven fundada en 2024 pero con un equipo experimentado y que ya ha obtenido premios en concursos en Elche, Alicante o Vitoria.
«Primero comprobamos la documentación de los miembros, que tengan el carnet de experto o de aprendiz -en manipulación de pirotecnia- y hacemos un informe que se envía a la subdelegación» del gobierno español, explica la cabo. También contrastan que la información previa que se ha enviado referente al tipo de pirotecnia que se utilizará, los calibres y cómo se distribuirá se cumple finalmente.
Unos días antes las empresas deben enviar un dibujo de cómo distribuirán la carga a lo largo del Fortín de la Reina para cumplir con las medidas de seguridad. En función del calibre, la normativa establece unas distancias mínimas respecto al público que está en la playa. La cabo detalla que el calibre más grande se debe colocar a un mínimo de 250 metros de los espectadores y a más de 150 metros de los edificios.
Tanto el montaje como la actuación tiene riesgos. «Una de las problemáticas que nos podemos encontrar es que caiga una carcasa y el cohete salga hacia el público en lugar de hacia arriba», indica Batuecas. Otra posibilidad es que las llamaradas de los lanzamientos acaben causando algún pequeño incendio en la vegetación de la zona, una situación que no es muy frecuente.
La policía también pone el foco en que se queme toda la pólvora que se ha preparado. Quince minutos después de finalizar la actuación, tres agentes lo revisan. En caso de que no se haya consumido, se debe hacer en ese momento para que no queden residuos que podrían ser un peligro al manipularse.






